No vine a complacer a nadie.

En las más de dos décadas de vivir en los EE. UU., me ha tocado ver procesos los mismo alentadores que desmoralizantes. Mi experiencia previa ya era un tanto no tradicional: mal estudiante, pero con suerte, conseguí trabajo como Técnico Laboratorista en el Instituto Nacional de Cardiología, Ignacio Chávez, cuando apenas superaba los 19 años, hice mi servicio militar encuadrado y me costó una rodilla, y sin reparos me sumé al movimiento de solidaridad con las comunidades zapatistas de Chiapas, donde pasé cada segmento de mi tiempo libre tratando de hacer una diferencia en las vidas de gente olvidad por el racismo estructural (de eso, y de la efectividad de los esfuerzos ciudadanos ya platicaremos). 

Era lógico que a mi llegada a la panza del monstruo me diera por querer causarle indigestión, por lo que hasta cierto punto no sé porque me sorprendió mucho lo que devino de ello. Por ejemplo, a semanas de haberme instalado en Denver en 1999, fui parte de un acto de protesta en un almuerzo de la Cámara de Comercio Hispana con el Gobernador Bill Owens, auspiciada por el Consulado General de México en Denver, por la situación en Chiapas. Entre eso y las protestas por la conmemoración de Cristóbal Colon junto con el Movimiento Indígena Americano (AIM) y las protestas antiglobalización con la Red de Acción Directa (DAN) en Seattle y Washington, DC, no sé por qué me habría de sorprender que el FBI enfocara sus esfuerzos en vigilar lo único que le libraba del aburrimiento esos días. 

Años después, leyendo archivos desclasificados por la policía de Denver, me dio escalofrío leer la versión policiaca de algunas reuniones a las que acudí, escritas por el agente encubierto sentado a mi lado en aquel pequeño salón. Años después, tengo emociones encontradas recordando a la pareja recién llegada de Eugene, Oregón, Stan y Delaila, con su hija de apenas 9 años, por el hecho que se hicieron pasar por activistas comprometidos para engatusar a un puñado de ilusos para que cometieran actos que validaran los cateos y detenciones de la policía de Denver y el Colorado Bureau of Investigations (CBI). Resulta que Stan y Delaila habían sido activistas del Frente de Liberacion de la Tierra y el FBI los había arrestado por su participación en un incendio provocado en algún desarrollo inmobiliario. Parece ser que al ser arrestados y enfrentando la posibilidad de cárcel y perder la custodia de su hija al gobierno, optaron por ser informantes de la agencia. Su misión en Denver era infiltrar DAN y otros grupos globalifóbicos. 

Aún recuerdo la sensación en la boca del estómago cuando vi por primera vez mi dossier de la policía de Denver asociado con la Coalición por Chiapas “una organización criminal extremista dedicada a derrocar al gobierno de México por supuesto maltrato a trabajadores.” En su momento, no solo pude demandar a la policía, sino que sus labores de espionaje a grupos decididamente pacifistas (dossiers a los que accedimos al mismo tiempo que el mío) se volvieron un escandalo nacional. Sin embargo, el oscurantismo policiaco en EE. UU. había tomado fuerza irreversible desde los atentados del 11 de septiembre: PATRIOT Act, los campos de tortura en Guantánamo, el incremento en la brutalidad policiaca y su concomitante aumento en expresiones de racismo y xenofobia han ido creciendo de ahí hasta la fecha.

Después vino mi etapa de sindicalista. Trabajé muchos años para una organización que trataba de dejar atrás sus hábitos conservadores, pero terminó sucumbiendo a los sectores más racistas y neoliberales de sus huestes. Aun así, hubo momentos inolvidables, como la vez que viví mi propia película de desastre tratando sin éxito de huir del huracán Rita en Houston, o los largos días de audiencias y noches de entrevistas con reclusos del centro de detención migratoria después que la administración Bush decidió catear 7 empacadoras de carne el día de la virgencita de Guadalupe. He visto lo mejor y peor del sindicalismo yanqui. Todo podrá ser parte de estos relatos… o no.

Como he dicho en mis textos en inglés, ni la versión en español es una traducción de los textos en ingles ni viceversa. Como con el tracto digestivo, las cosas salen, cuando salen, en la versión que quieran salir. Estoy aquí para dejar algunas impresiones de este mundo complejo desde mi punto de vista, ni mas ni menos. Bienvenidos sean los que tengan curiosidad. Dios los lleve en su santa gloria los que no. Me importa tres cuartos de serrano los que sientan animadversión. 

Lo único que si voy a transcribir tal cual del inglés es que no estoy aquí para complacer a nadie.

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