Jugando ajedrez contra la policía y el FBI

Documentos en PDF al final…

Cuando llegué a los EEUU en el verano de 1999 venia de una intensa actividad política en apoyo a comunidades de la selva chiapaneca. Creo que antes de encontrar trabajo encontré a los grupos activistas de Denver, en particular Chiapas Coalition, y de hecho encontré trabajo por las relaciones con otros grupos como American Indian Movement (AIM) y la Coalición de Colorado por la Paz en Medio Oriente (CoCoMEP) que hacía trabajo contra las sanciones impuestas a Irak. Conocí a la que sería mi primera jefa en los EEUU como ayudante de investigación en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado, Stephanie P., en agosto de ese año durante una marcha de conmemoración y repudio por el aniversario de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en el conocido 16th St Mall de Denver.

Pagina 1 de muchas sobre el espionaje del FBI y las policías a activistas de Denver

A razón del aniversario de la Independencia de México, ese mismo septiembre hubo un almuerzo organizado por la Cámara de Comercio de Colorado con presencia del gobernador Bill Owens y el Cónsul de México en Denver, cuya relevancia es indicativa en mi memoria por su nombre. Quizá fue pura impertinencia, pero fui uno de los voluntarios para entrar, con boleto pagado, a manera de avanzada a una protesta organizada por Chiapas Coalition y un grupo de activistas Chicanos llamado Barrio Warriors. Yo traía volantes que debería de repartir en las mesas de los comensales al tiempo que una marcha de simpatizantes de estos dos grupos irrumpía en el recinto para protestar. El evento salió mejor de lo planeado y de acuerdo con la agenda, aunque la cara de terror del solitario escolta de Owens cuando los manifestantes burlaban la escueta seguridad fue francamente exagerada.

Durante los meses posteriores seguí mi activismo político en mi nueva casa. En octubre las protestas en el “desfile por el día de Colon” y en noviembre estaba muy nuevo en mi trabajo como para ir a las protestas contra la OMC en Seattle, pero estuve en las reuniones preparatorias de nuestra delegación. Aunque no fuí a Seattle, si participé en las protestas contra el FMI y el Banco Mundial en abril del 2000 en Washington, DC.

Entrado el nuevo milenio, en la resaca del éxito de Seattle, los grupos de izquierda se estaban aglutinando para coordinar esfuerzos contra el neoliberalismo, aunque en aquellos días no se usaba mucho ese concepto (Priscilla Murolo, autora de un libro sobre la historia sindical de los EEUU, y mi maestra de lo mismo, me habría de confirmar hace poco que fue gracias al movimiento zapatista que el término se generalizo en las décadas posteriores al surgimiento del EZLN). Se formó DAN, la Red de Acción Directa (Direct Action Network). Tanto Chiapas Coalition como la organización de derechos de inmigrantes Derechos Para Todos (RAP – Rights for all people), ambas en las que yo participaba, tenían representantes en las reuniones y yo ahí andaba. Ahí estaban además AIM, CoCoMEP, Cop Watch (contra la brutalidad policiaca), y el Black Block (o el Bloque Negro) de corte anarquista, cuyos simpatizantes vestían de negro de pies a cabeza. Eran como los Men in Black pero con menos presupuesto indumentario y menos agua y jabón, aunque la verdad nunca he olido a Will Smith o a Tommy Lee Jones para hacer una comparación justa. También se hacían llamar el “Asshole Collective,” o el Colectivo del Culo, pero me referiré a ellos como Black Block.

Claro que también estaban las corporaciones policiacas, puesto que, entre Waco y el bombazo de Oklahoma y las protestas en Seattle en 1999, las autoridades federales alertaban sobre cambiar su enfoque al “terrorismo doméstico.” DAN se reunía en las oficinas de American Friends Service Committee (AFSC) la organización cuaquera pacifista que además le sub-rentaba oficinas a Amnistía Internacional y la organización Denver Justice and Peace Committee (DJPC) que hacía trabajo de solidaridad con Latinoamérica en temas como militarización, sindicalismo, guerra contra las drogas, etc. Entonces, tener a toda la comunidad de “izquierda” reunida en un solo lugar era demasiado apetecible para los servicios de seguridad e inteligencia de los tres niveles de gobierno. Años más tarde pude leer algunos de los reportes de agentes encubiertos en esas reuniones, pero para mediados del 2000, estaban ansiosos de encajar sus colmillos en algo con mas carnita. Nomás entrar a grabar no era suficiente.

Reporte del Detective Larry Valencia sobre reunion de DAN

Desde principios del 2000 ya había sospechas de infiltración. En una tensa reunión, Kerry Appel, el fundador de Chiapas Coalition, acusó sin pruebas en una de nuestras reuniones al esposo de una profesora de la Universidad de Colorado, quien era consultor independiente en temas de comunicación. Manolo G., y su esposa Ana S. eran activistas de los mismos círculos. Pero a Manolo le gustaba un poco ser el centro de atención y se ofrecía para ser el “enlace” con la policía. Yo nunca tuve sospechas de Manolo, pero si notaba que le gustaba jugar el papel de intermediario entre la policía (y por ende el gobierno) y los activistas. Le encantaba aparentar influencia con unos y con otros para su beneficio. El caso es que Kerry le espeto, en frente de todos, que el sabía que Manolo había identificado para la policía a unos jóvenes arrestados en Pueblo por arrojar globos con tinta roja a la estatua de Colon el octubre anterior. Tampoco pienso que Kerry lo hacía por mala leche, en el mejor de los casos el tenía las mismas observaciones sobre Manolo que yo tenía, y de ahí sus conjeturas, y en el peor… pues si había algo. El caso es que Glenn Morris, quien fuera mi profesor de Derecho y Cultura Indígena en la U de Colorado y era líder de AIM confiaba en Manolo. Aunque igual pudiera ser que como Ana, la esposa de Manolo, daba clases en el mismo Departamento de Ciencias Políticas, se sintiera obligado para con ellos.

En octubre del 2000, las protestas contra el desfile del “día de Colon” resultaron en el arresto de más de cien manifestantes que impedían la ceremonia organizada por la comunidad italiana en Denver y los Caballeros de Colon. Helen, una viejita de 90 años se hizo famosa por ser la arrestada mas longeva del grupo.

Y en eso llego diciembre y con ello las fiestas navideñas. Para entonces había terminado mi contrato con la Universidad de Colorado y trabajaba como administrador de la oficina de DJPC. Una de nuestras campañas era de apoyo a sindicalistas en la Nicaragua chamorrista a quienes la maquiladora Chentex había despedido por tratar de organizarse y, si no mal recuerdo, estaban encarcelados. Uno de los blancos de la campaña corporativa en EEUU era Kohls, una tienda departamental de la familia de un senador de Minesota. 

Desde finales de ese verano del 2000, llegó a Denver una pareja con su hija y de inmediato se sumaron al activismo local. Stan y Delaila tenían una hija de unos nueve años. Venían de Eugene, Oregón, donde ellos decían que el activismo era más radical y no tan burgués como el nuestro. Buscaban en que grupo incrustarse y los del Black Block los recibieron con los brazos abiertos. También eran adorados por un niñote de origen griego, Pavlos, quien hasta se peleó con su esposa para darles refugio presumiblemente temporal pero que se había vuelto mas permanente. El resto los veíamos con un dejo de desconfianza. Su actitud era errática en el mejor de los casos e incluso una vez Stan respondió a un correo de una camarada denunciando una violación regañándola y humillándola ante todos. Al día siguiente se justificó diciendo que estaba drogado la noche anterior y a todo mundo le pareció lógico aceptar su disculpa. Sobre todo ante los chavalillos del Black Block, Stan era un Dios.

El 9 de diciembre del 2000, DJPC llevó a cabo una acción de “Guerrilla Carrolling” que consiste en ir a cantar villancicos navideños a las puertas de los hogares, pero lo que lo hace guerrillero es que los villancicos tienen las letras cambiadas para denunciar el maltrato a los trabajadores y las condiciones inhumanas en Chentex, además de hacerlo a la puerta de la tienda Kohls. Todo iba bien hasta que llegaron 4 individuos vestidos de Santa Clos y se metieron a la tienda a rociar pintura roja (representando sangre) en las prendas de vestir. Todos decíamos no saber quienes eran, lo cual era cierto, pero sospechábamos con fundamentos de los niños de Black Block. Ellos se dieron a la fuga antes de que llegara la policía mientras el resto de los participantes quedaban estupefactos. 

El incidente a modo tuvo el efecto esperado. A la semana siguiente la policía de Golden (donde fue el evento) y la policía de Denver (donde estaban las oficinas de DJPC) allanaron y catearon las oficinas de DJPC, pero no se limitaron al cuartito de 2×5 metros que ocupaba, sino aprovecharon para llevarse documentos, videos y todo tipo de materiales de todas las oficinas del sitio, incluyendo AFSC, Amnistía Internacional, el Comité de la iglesia Unitariana Universalista (donde estaba encargada la legendaria nonagenaria Helen) y todo lo que se les puso en frente.

Yo estaba en clases en la universidad cuando sucedió e iba de regreso a imprimir mi ensayo final de mi clase de Ciencias Políticas con el Profesor Harvey Bishop, y para mi mala suerte, la versión final de mi ensayo estaba en la computadora que se estaba llevando la policía. Mi versión a Harvey de “se comió mi tarea el perro” fue más rebuscada, pero como estaba en los periódicos fue perfectamente creíble. Cuando arribé a la oficina de inmediato la policía me registro para encontrar mis armas, que justo ese día se me olvidaron en mi tanque de guerra. Después me enteré de que fui el único al que registraron y el único no-güero en el lugar. Quisquilloso que soy, serían las bases para una demanda que duró varios años y origino una opinión de precedente sobre “inmunidad calificada” en el décimo circuito de la corte de apelaciones.

Las peleas internas no se hicieron esperar. La comunidad activista se dividió de inmediato en todos los niveles. En DJPC, su director David Martin y yo manteníamos que era evidente que el sainete lo armó la policía para obtener información, la directora de programa, Kareen, pensaba que era un acto irresponsable (que lo era, pero por parte de la policía). La mesa directiva también estaba dividida entre los que estaban de nuestro lado (Eileen Arnolds, quien recientemente falleció) y los que querían que David le dijera a la policía si sospechaba quienes fueron los responsables (Richard Kruch y su bando). AFSC estaba igualmente dividido. Su director Larry Miller salió en los periódicos diciendo que su organización colaboraría con la policía en la investigación. Yo no tenía ganas de apoyar al Black Block y su imprudencia, pero tenia aún menos ganas de hacerle el juego a la policía cuya provocación se veía a leguas. El mismo día que Larry salió diciendo que AFSC apoyaría la investigación redacté una carta a los miembros de Derechos para Todos, en su mayoría inmigrantes indocumentados, diciendo que era hora de desligarnos de AFSC; si estaban dispuestos a colaborar con la policía en esto, estaban dispuestos a entregar a gente sin papeles. Esa noche Larry fue a buscarme hasta mi casa para darme su pedigrí como activista en El Salvador (donde supongo ha de haber denunciado a cada farabundomartista que conoció al gobierno de ARENA). La discusión fue agria y fue la última vez que nos hablamos.

Se venían tiempos peores. La policía insistía en que David delatara a los Santas. Ahora también decían haber identificado el carro que usaron los Santas por las cámaras de seguridad y habían dado con Doug Bohm. Decían no tener pruebas de que él era el conductor, pero si fuertes sospechas. 

En abril de 2001, cuatro meses después del incidente, el Fiscal de Jefferson County (la municipalidad donde esta la ciudad de Golden) decidió referir la investigación a un Gran Jurado.

En el sistema de injusticia yanqui, el Gran Jurado tiene más bien facultades investigatorias. Es un vestigio del sistema medieval ingles que adoptaron los gringos. Se conforma igual que un jurado de esos que salen en las películas, pero un Gran Jurado no decide si el indiciado es culpable o no-culpable (ojo, los jurados gringos no declaran inocencia, simplemente que no se les pudo probar lo que se les imputa) sino más bien decide si hay elementos suficientes para enjuiciarlo. Las razones por la que los adoran los fiscales es porque no existen las mismas restricciones procesales que en un juicio, hay menos objeciones validas a las líneas de interrogatorios, además, los jurados tienden a votar por lo que sugiera el fiscal. Si eres fiscal y te da hueva hacer tu trabajo, se lo pasas al Gran Jurado para que ellos validen tus sospechas de que hay razones para enjuiciar. Es una Santa Inquisición investigatoria.

David y Doug fueron ambos citados al Gran Jurado. No teníamos dinero para abogados. DJPC se negó a apoyar legalmente a David. Andábamos haciendo coperacha. Teníamos ayuda limitada de organizaciones a nivel nacional, pero nuestros aliados no eran de bolsillos hondos. Algunos abogados muy verdes del National Lawyers Guild, se lanzaron como voluntarios, pero durante las audiencias se notó que eran sus pininos en el litigio criminal. 

Tanto David como Doug se negaron a hablar. David solo repetía a cada pregunta: “como persona de principios, no voy a hablar en detrimento de otros.” Claro que al juez no le gusto nada. De por si era un montaje en colaboración de las policías de Denver y Golden, los fiscales de Jefferson County y el Colorado Bureau of Investigations (CBI). El juez era de los rudos favoritos de los fiscales de JeffCo y condenó a David y Doug a 6 meses de cárcel por desacato. En mayo comenzaron las condenas y los seis meses más largos que recuerdo. Mucha gente se esfumó. Había miedo generalizado. Solo quedamos un grupo pequeño de leales que hacíamos lo que podíamos. Tratábamos de apoyar, sobre todo a David y su novia Tory, pero con muchas limitaciones. 

David y Doug vieron las imágenes de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 desde su celda en la cárcel de JeffCo. Yo iba rumbo a la Universidad escuchando el radio cuando salió el boletín informativo. Ya en mi salón de clases, mis compañeros habían desplegado la pantalla gigante y el cañón de proyección para ver las noticias. Vi las torres caer como si fuera el cine. “Estamos bajo ataque,” dijo Jessica Chickerin medio histérica. No escuché que comentario hizo Beverly, una estudiante indígena americana, pero varios patriotas de inmediato la atacaron. Salió aquello de “nos odian porque somos libres.” Yo les recordé que les odian porque se meten en todos lados sin ser llamados, invaden, masacran, imponen, sancionan y hacen todo lo que les viene en gana. Varios se alteraron conmigo y el profesor, un alemán evadido, decidió cancelar la clase y mandarnos a casa. El ambiente era ralo en todas partes. Apenas y nos imaginábamos lo que se venía.

Los días posteriores, David y Doug pasaron a segundo plano. Llevábamos semanas preparando las protestas del 12 de octubre, pero de repente eran vigilias por la paz y protestas contra los bombardeos en Afganistán. Debió ser el 12 de septiembre o poco después que se organizó una vigilia por la paz. Dos mujeres de la comunidad musulmana hablaron en el evento nocturno. Del otro lado de la calle, un grupo de cabezas rapadas lanzaba insultos con espuma saliendo de sus bocas. Al final todos los participantes en la vigilia se fueron y yo fui uno de los pocos que quedaron. Además, era uno de los dos hombres que quedaban del comité organizador. Y de repente nos dimos cuenta de que las compañeras musulmanas estaban solas y debíamos acompañarlas a sus carros. Tuvimos que pasar junto a las cabezas rapadas que aún no se dispersaban y continuaban gritando injurias; hasta sentía su aliento pestilente y las gotas de saliva de su rabia a unos cuantos centímetros de la valla de seguridad mediocre que la policía mediocre había puesto para dividirnos. Fue quizá una de las caminatas más largas de mi vida para los pocos metros que recorrimos. Pero yo, en mi papel de guarura, caminaba erguido con la seguridad de quien posee superpoderes a punto de desplegar. Esa característica de aparentar seguridad cuando sé que está valiendo grillo el asunto me ha acompañado por muchos años y espero no sea preludio de mi ocaso.

En las postrimerías del 11 de septiembre la administración Bush paso como relámpago el Acta PATRIOT, que les daba poderes especiales a las fuerzas de seguridad e inteligencia bajo pretexto de la seguridad nacional. EEUU habilitó el territorio invadido en Guantánamo como campo de concentración para poder torturar a gusto a la gente que secuestraba en el medio oriente y se inventó un estatus para denegarles derechos procesales básicos. Incluso gente que se decía de “izquierda” estaba tranquila con todas estas medidas porque estaban asustados. En esos días, Ward Churchill, profesor y activista indígena americano de la U de Colorado en Boulder escribió el ensayo “On the Justice of Roosting Chickens,” donde explicaba justo lo que yo había discutido con mis compañeros la mañana del 11 de septiembre: que la política exterior de opresión de los EEUU era realmente responsable de los sucesos, y llamaba a las victimas “pequeños Eichmmans” en referencia al burócrata Nazi orquestador del holocausto que se defendió diciendo que el solo seguía órdenes. A la postre, Ward, a quien conocí por las protestas de octubre y admiraba mucho, fue la primera víctima real de lo que ahora llaman “la cultura de la cancelación.” En el 2005 la U de Colorado lo despidió por “mala conducta” y aunque un jurado fallo a su favor, el sistema judicial yanqui le negó todas las posibilidades de apelación en un sistema que no tolera la disensión real. Al final hasta fue acusado de hacerse pasar por indígena americano sin contar con la documentación que lo acreditara, una acreditación que otorga el gobierno de EEUU para administrar las migajas de ayuda que da a los sobrevivientes del genocidio cometido por los colonizadores. 

(Nota: En EEUU cualquier burócrata neoliberal se puede autoproclamar de “izquierda,” pero como el espectro político está cargado tan a la derecha que raya en el fascismo, cualquier tecnócrata parece radical.)

En noviembre salieron de la cárcel David y Doug. A Doug la libertad le duró muy poco porque de inmediato fue arrestado de nuevo ahora enfrentando cargos por los hechos de diciembre del 2000 en la tienda Kohls. Le atribuían ser uno de los Santas, el Santa conductor. En los seis meses que pasaron sus casos habían despertado algún interés en gente que le preocupaba los poderes ganados por las fuerzas de seguridad después de 11-S. Ahora David tenía al abogado criminalista Walter Gerash (recientemente fallecido y celebridad en Denver) y Doug a Susan Kauffman. Ambos eran pro-bono, es decir gratis. Pero mientras Walter tenía un despacho con recursos, Susan trabajaba sola y necesitaba ayuda. Algunos miembros de la comunidad activista se ofrecieron a ayudar en su oficina. Entre ellas mi amiga Jill S.

Todo proceso legal gringo tiene dos etapas, pre-juico (pre-trial) y el juicio mismo. Si hay apelaciones ya son etapas adicionales. En el pre-juicio, se dirimen los argumentos sobre la forma del proceso: quien tiene personalidad jurídica para la acción, que evidencias serán admitidas, etc., y una parte importante de este proceso es el “descubrimiento,” donde ambos lados deben compartir la evidencia que presentaran en el juicio para evitar sorpresas a uno y otros. Las declaraciones reveladoras de las películas y series gringas casi nunca suceden. “Did you order the code red?” ni siquiera habría sobrevivido como pregunta en un juicio criminal real. Hay dos dichos de abogados gringos que son casi regla y para los que el “descubrimiento” es esencial– 1) Nunca hagas una pregunta durante el juicio de la que no sepas ya la respuesta; y 2) Si la ley te favorece, azota la ley. Si los hechos te favorecen, azota los hechos. Y si ninguno de los dos te favorece, azota la mesa.

Jill estaba revisando los materiales obtenidos en descubrimiento cuando encontró algo fuertísimo. Había fotos de los Santas desde una cámara instalada con antelación desde dentro del carro de Doug. Esto es, la policía sabía de antemano lo que iba a suceder y en que auto. Nosotros sabíamos que la acción de los Santas había sido instigada por Stan y Delila, pero que a última hora se habían enfermado y no habían acompañado a los de Black Block. Ellos también convencieron a Doug de participar. 

También había dossiers de la policía y CBI sobre varios de nosotros. El de Chiapas Coalition tenia mi nombre, el de mi esposa y nuestra dirección y teléfono. Al grupo nos describían como “Organización Criminal Extremista cuyo objetivo es derrocar al gobierno de México argumentando el maltrato a los trabajadores.”

Pagina 1 del dossier de Chiapas Coalition con mis datos personales.

No recuerdo si fue en ese momento, o después que supimos la historia de Stan y Delaila. Ellos habían sido activos en Frente de Liberación de la Tierra (EFL) en Oregón y los había arrestado el FBI por un incendio a un desarrollo inmobiliario. Se dice, no creo que eso estuviera en la ficha de informantes obtenida en descubrimiento, que al ser arrestados los dos los amenazaron de que su hija de 9 años se iba a quedar sola en el sistema tipo DIF de EEUU. Y entonces les ofrecieron pasar a la catafixia trabajando para el FBI como informantes. Así fue como llegaron a Denver, venían con un objetivo específico de sus nuevos amos.

Cuando Jill me mostro una copia del dossier de Chiapas Coalition con mi nombre sentí un golpe en la boca del estómago. Me moría por tener una copia, pero ella lo había tomado de los archivos de Susan, la abogada de Doug, sin permiso. 

Desde varios meses atrás, el American Civil Liberties Union (ACLU) se había interesado por el caso de DJPC. Yo había metido una queja por violación de mis derechos con la policía de Denver, por consejo del ACLU, la cual había sido descartada tal y como esperábamos, pero era un paso importante para meter una demanda formal. El ACLU tampoco tiene muchos recursos. Tiene que echar mano de voluntarios para tener mayor capacidad y dio la casualidad de que quien se interesó por nuestro caso fue Lino Lipinsky, esposo de la congresista Diana DeGuette. Para febrero del 2002, cuando supimos de los archivos secretos de la policía, apenas estaban terminando de redactar la demanda y esperando la aprobación de la mesa directiva del despacho de Lino para autorizar su participación en el juicio. 

Yo tenía por un lado la asesoría de mi profesor Glenn Morris quien es abogado egresado de Harvard. Pero mi abogado formal era Mark Silverstein, del ACLU. Entre ellos se odiaban. El ACLU había tomado la postura de que impedir el desfile de los Caballeros de Colon atentaba contra la libertad de expresión. Glenn acusaba al ACLU de defender incluso la expresión del nazismo (lo cual era cierto). El caso es que entre un abogado judío y un abogado indígena no había mucho cariño. 

Cuando por fin convencí a Jill de soltar copias de los archivos secretos, no solo obtuve los de Chiapas Coalition, sino también había de AFSC y Amnistía Internacional, ambas organizaciones ganadoras del Premio Nobel de la Paz. Ahí estaba mi oportunidad. 

Iba yo del tingo al tango, de Glenn a Mark. Le presenté los documentos a Mark y Lino. Mark no quería actuar. Estaban a punto de meter la demanda por los cateos y creía que nos afectaría en la opinión pública, quizá si obteníamos más información, en unos meses podíamos hacer algo. Ademas no eran documentos públicos y podríamos salir con cargos criminales por divulgarlos. Yo pienso más bien que los personajes involucrados no eran del agrado de Mark y no tenía prisa por hacer nada. Yo no tenía unos meses. Para los yanquis yo era potencialmente terrorista y tenían nuevas leyes para llevar terroristas a Guantánamo. Ni siquiera era aún ciudadano de los EEUU. Lino, para mi sorpresa, quería lanzarse en caliente sobre este asunto.

En eso días deambulaba por las calles como zombi. Llevaba días sin dormir y a cada rato creía ver camionetas negras a punto de subirme. Trataba de no ser paranoico, pero vivía una tensión a punto de reventarme. Tenía que hacer una jugada para cambiar la situación sin esperar meses a que Mark decidiera que había condiciones para actuar. Así empecé la maniobra más arriesgada de mi vida; arriesgada porque implicaba usar documentos que no eran públicos para exponer los abusos del aparato de seguridad de EEUU. 

Creo que fue poco antes que Mark y Lino metieron la demanda de DJPC (8 de marzo), que me reuní con Glenn y Nita González, una líder del movimiento chicano en Denver. Nita me dijo que ella tenía contactos con las filiales de los canales en Denver y podía conectarme con alguno de ellos. No le dije mi plan a Nita pero ya sabía como usar la situación. Yo no podía actuar en desobediencia de mis abogados sin arriesgar que dejaran de representarme, por lo cual debía crear una urgencia en ellos superior a mis deseos. 

Si no mal recuerdo fue el viernes 8 de marzo que me reuní con el reportero de NBC en un Wendy’s sobre Speer Boulevard y la calle Grant. Antes de eso había llamado a Mark y como siempre no había tomado la llamada para que no le pudiera expresar mi urgencia. Le deje el mensaje “me voy a reunir con un reportero de NBC a las 3pm quien tiene información y está interesado en los archivos.” La narrativa que había dado Nita era que la policía de Denver espiaba a organizaciones pacifistas y tenía archivos clasificándoles como criminales, yo tenia los dossiers de Amnistía Internacional y AFSC para probarlo. 

Mi teléfono explotó con llamadas de Mark, Lino y Mark con Lino pidiéndome, suplicándome, exigiéndome, que no lo hiciera. Mientras estábamos sentados en la mesa del Wendys el teléfono no dejaba de sonar. Entonces le hice la jugada más odiosa al pobre reportero: con teléfono en mano le dije “son mis abogados, no quieren que te de los archivos.” Pero fui dadivoso y le mostré algunos sin dejar al camarógrafo hacer tomas. También le dije el contexto donde podría encontrar los documentos el mismo, “si vas a la corte criminal de JeffCo, estos son parte del juicio contra los 4 Santas.” El reportero se fue furioso porque no le quise dar copias, pero agradecido con la información para buscar la nota.

Cuando salí de la reunión llamé a Mark y Lino. “No le di nada,” expliqué, “pero el reportero sabe de cual caso se trata y va a pedir los documentos de la corte en JeffCo, supongo que el lunes porque ahorita no llega a Golden antes de que cierren.” Obviamente no les dije que todo eso lo sabía el reportero porque yo se lo dije. El ACLU llamó a una conferencia de prensa para el lunes temprano. Querían evitar primicias. 

El caso de los “Denver Spy Files” se volvió un escándalo nacional sobre el espionaje a organizaciones pacíficas y sobre los abusos bajo el Acta PATRIOT. Hubo notas en publicaciones nacionales. Recuerdo haber leído un artículo de Nueva York donde un personaje de gabardina, sombrero y lentes oscuros deslizó los documentos debajo de la puerta del café de Kerry Appel, y así fue como los obtuvo el ACLU. Llovieron los donativos al ACLU. La mesa directiva de McKenna, Long and Aldrich, el despacho de Lino que se llevó meses en autorizar que Lino colaborara con el ACLU en el caso de DJPC tuvo una reunión de emergencia para autorizarlo a actuar en cualquier demanda que resultase del caso. Años, si no es que décadas después del escándalo el caso seguía siendo fuente de donativos para el ACLU nacional y de Colorado. Yo aparecí en la conferencia de prensa inicial (mi archivo era uno de los pocos que teníamos) y después me hice para atrás como Homero Simpson en los matorrales. Todo ya tenía vida propia. 

El ACLU representó a AFSC y Amnistía, entre otras organizaciones, en una demanda que consiguió que la policía purgara los archivos, entregara una copia a cada persona u organización que lo solicitara, y estableciera una junta de supervisión de la policía que se volvió a la larga una burocracia inservible más, como se vio durante las protestas de Black Lives Matter. El desfile de activistas de Denver buscando sus dossiers resultó en depresión de algunos que creían ser más amenazas al sistema de lo que el sistema mismo pensaba. Y la carrera del Secretario de Seguridad, Ari Zavaras, quien se perfilaba para sustituir a Wellington Webb en la alcaldía se esfumó en el olvido.

No solo los leales a David y Doug sabíamos del origen de los documentos. El fiscal de JeffCo estaba encabronadisimo y pedía sanciones contra Susan Kauffman quien recibió una fuerte regañada del juez que presidia el juicio de Doug. Pero a esas alturas el escándalo era mayúsculo y no le convenia al juez la mala publicidad de disciplinar a Susan. Muchos jueces estaban preocupados por los excesos cometidos por la policía al amparo de la lucha contra el terrorismo. Incluso Doug y los otros 3 llegaron a un arreglo de reparación de daños que los libró de condenas largas de cárcel. Los fiscales tampoco estaban urgidos de ventilar como se dio el caso en los tribunales. 

A Mark lo trate poco después eso. Mi caso llego a un arreglo en el 2005 por 50,000 dólares en gastos de representación los cuales eran para el ACLU. Yo recibí mi cheque por un dólar que fue la cantidad por la que demandé; había llegado hasta la Corte Suprema apenas sobre las mociones pre-juicio. Llegamos a un acuerdo antes que la Corte Suprema decidiera si escuchaba el caso o no, por lo que la opinión del décimo circuito sobre “inmunidad calificada” se volvió precedente. A Susan apenas y la traté directamente un par de ocasiones y ya no supe que fue de ella después del caso. A Lino me lo seguí encontrando en eventos cuando me convertí en burócrata sindical. Walter Gerash murió recientemente y su obituario en la prensa solo decía de defendió criminales notables como si eso fuera todo su legado. También murió Eileen Arnolds, cuyo apoyo inquebrantable cuando todos nos daban la espalda fue invaluable. David y Tory se casaron y tuvieron dos hijas ya casi adultas. David ha batallado con el cáncer y no anda muy activo últimamente. The Doug, Jill y los otros no he sabido mucho.

Yo ahora enfrento nuevas batallas con el imperialismo yanqui y sus lacayos en México. De eso les cuento en el próximo capitulo, porque la historia sobre colonialismo y sindicatos charros aún está en desarrollo. 

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